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Las otras víctimas de la guerra

La historia de Masha, una osa polar eurasiática rescatada en el 2018 de un circo ambulante, es una de las muy pocas con final feliz en un contexto mundial demasiado triste.

Todo el mundo habla -y con razón- de los millones de refugiados: madres e hijos, abuelas y abuelos, mujeres jóvenes, pero pocos lo hacen de los animales, las otras víctimas de la guerra entre Ucrania y Rusia, que comenzó el 24 de febrero pasado y no parece tener fecha para su fin.

Lionel De Lange, fundador y director de Warriors of Wildlife, una organización de rescate con sede en Ucrania, alquiló una camioneta para llevar y dejar a Masha -tras 20 horas de viaje- a salvo en el Santuario de Osos Libearty, en Zarnesti (Rumania), hogar de 117 osos pardos rescatados de circos, monasterios, hoteles y atracciones turísticas, casi todos en Europa. 

Pero a lo largo del camino De Lange se cruzó con muchas personas, algo que le despertó preocupación. «Cuando hemos hecho rescates de animales en el pasado, la gente suele decir: `¿Por qué ayudáis a los animales y no a las personas?’ Es un momento complicado. Realmente pensé que nos iban a echar la bronca por esto», confesó en diálogo con National Geographic.

Pero nadie lo hizo. «Ella hizo sonreír a algunos rostros muy, muy tristes. Creo que comprendieron que ella estaba pasando por lo mismo que ellos: no tenía dónde ir ni nadie que la cuidara», agregó.

La historia de Masha y De Lange pone de relieve no solo a las víctimas no humanas de la brutal guerra de Rusia, sino también a los cuidadores de Ucrania que arriesgan sus vidas para salvar a los animales.

Un viaje con sensaciones ambiguas

De Lange tuvo que huir por los bombardeos de su casa en Jersón, ahora bajo ocupación rusa y en crisis humanitaria por la falta de alimentos y suministros médicos, alquilar una furgoneta (lo rechazaron en seis lugares) para así poder trasladar a Masha hasta el santuario en Rumania.

«A la agencia de alquiler les dije `Voy a Ucrania con ayuda, ¡pero no les dije que iba a traer un oso!`. Así que volví a Sambir, donde teníamos nuestro refugio, sedé a Masha y emprendimos un largo viaje», relató.

Cuando llegaron a Libearty, a otras 10 horas de la frontera con Ucrania, Masha se paseaba frenéticamente en círculos, negándose a comer o a salir de su jaula. «Le trajo recuerdos, creo, de estar de nuevo en el circo ambulante», apuntó De Lange. 

En tanto, Cristina Lapis, fundadora y directora del Santuario de Osos Libearty, señaló: «Por la noche, cuando llegó, fue terrible para todos nosotros. No quería beber ni comer ni nada. Rechazaba la miel. Sólo temblaba», apuntó.

A la mañana siguiente, Masha estaba un poco mejor. Tímidamente, pisó la hierba, descubrió su piscina, mirando su reflejo en el agua. Y a través de la valla de su recinto, vio a otros osos. «Imagínate 22 años sin ver a otro oso -agregó Lapis- Cuando vio a los otros osos y empezó a olerlos, todos lloramos», confesó.

Los animales en Ucrania

Más de cuatro millones de ucranianos huyeron del país, según la Organización de las  Naciones Unidas (ONU). Pero Masha fue solo uno de los muchos animales que fueron evacuados.

Siete osos del refugio White Rock Bear, en Kiev, fueron llevados a un santuario en el oeste de Ucrania el 6 de marzo. 

Varios leones y tigres de Wild Animal Rescue, también en Kiev, fueron transportados a un zoológico en Polonia. 

Y muchos refugiados ucranianos huyeron con sus gatos, perros, conejos, hámsters y otros animales de compañía a países como Rumania, Polonia y Hungría. 

Sin embargo, decenas de miles de animales permanecen en zoológicos, granjas, santuarios, refugios y en las calles de toda Ucrania. 

La comida, sobre todo en los lugares sometidos a un intenso fuego de artillería, escasea y muchas zonas son inaccesibles a la ayuda exterior. 

Los zoológicos y santuarios informan de que sus animales están traumatizados por los bombardeos: ante las sirenas de los ataques aéreos y las explosiones, corren hacia las vallas e incluso abandonan a sus bebés. Incluso algunos señalan que los animales murieron por el shock.

Pero en esta guerra también hay héroes casi anónimos: Valentina y Leonid Stoyanov, veterinarios de Odesa, rescataron a decenas de animales, salvajes y domésticos, desde que comenzó la guerra. Con el apoyo de sus seguidores de Instagram y TikTok, puduieron comprar comida para sus pupilos y los de varios refugios cercanos. 

«Nuestras vidas están completamente destruidas. Ahora ya no tenemos futuro», afirmó Valentina. «A pesar de ello, nos levantamos cada día y no nos rendimos. Miles de animales abandonados nos necesitan. Tienen hambre, miedo y no tienen la culpa de que la guerra haya estallado en nuestro país», finalizó Leonid